Ezequías y su Reinado

El libro de 2ª de Reyes sigue el curso de la decadencia de los reinos y el primero de ellos es el de Israel, que es llevada cautiva a Asiria. Bajo el reinado de Salmanasar el reino del norte es llevado a una cautividad total y definitiva, como leemos en 2 Reyes 17:13-18:
"Yahweh advertía a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis estatutos, conforme a toda Torah que mandé a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas. Pero ellos no obedecieron, sino que endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Yahweh su Elohim. También desecharon sus leyes y el pacto que él había hecho con sus padres, y sus amonestaciones con que los había amonestado. Fueron tras la vanidad y se hicieron vanos. Imitaban a las naciones que estaban a su alrededor, de los cuales Yahweh les había mandado no actuar como ellas. Abandonaron todos los mandamientos de Yahweh su Elohim, se hicieron dos becerros de fundición y un árbol ritual de Asera, se postraron ante todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal. Hicieron pasar por fuego a sus hijos y a sus hijas, practicaron los encantamientos y las adivinaciones, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Yahweh, provocándole a ira. Por tanto Yahweh se enojó en gran manera contra Israel, y los quitó de su presencia. No quedó sino solo la tribu de Judá."
¡Qué imagen nos ofrece esto de los malvados resultados que produce el pecado en la vida humana, en particular en lo que se refiere a la vida exterior del cuerpo! ¿Se ha fijado usted alguna vez en esto? Hablamos acerca de las señales del pecado en la vida de una persona y es asombroso lo pronto que estas señales comienzan a aparecer cuando se lleva una vida completa de libertinaje sin guardar la kedusha. Me refiero es a las señales de vulgaridad y ordinariez que dejan su marca en el cuerpo de la persona cuando lleva una vida lujosa y disoluta, comiendo y bebiendo en exceso, y todas aquellas otras cosas que dejan su marca en el cuerpo. Lo primero que se estropea es el cuerpo, de la misma manera que Israel fue, en este caso, la primera en verse afectada.
La próxima fue Judá, que se frenó su decadencia durante un tiempo gracias a la vida de Ezequías, que surgió de en medio de aquella vida sombría. Su padre había sido un rey impío y al ocupar su hijo el trono también fue un rey impío, pero Ezequías había sido marcado por la bondad del Eterno. El reino se encontraba en tal estado de decadencia, cuando llegó al trono, que lo primero que hizo fue limpiar el templo. Les llevó a los levitas, la tribu de los kohanim, dieciséis días limpiarlo de toda la basura y sacar los restos que estaban en su interior incluso antes de que pudiesen empezar a purificarlo para reanudar los cultos en él. Hasta ese punto había llegado la corrupción de la nación. Ezequías volvió además a introducir la Pesaj, destruyendo la serpiente de bronce, de gran tamaño, a la que había estado adorando el pueblo. Nos referimos a la misma serpiente que había usado Elohim para su bendición cuando Moisés la levantó en el desierto (Números 21:8-9), pero Ezequías, con un fino sarcasmo, la llamó un pedazo de bronce y la destruyó porque se había convertido en objeto de idolatría. Muchas cosas que han sido con anterioridad de bendición se convierten en ídolos si nos aferramos a ellos sencillamente por su valor sentimental.
La vida de Ezequías se vio milagrosamente prolongada cuando la sombra del reloj de sol se volvió atrás diez grados y se le permitió vivir quince años más. Sin embargo, durante esos quince años tuvo un hijo llamado Manases, que se convirtió en el peor rey que jamás había tenido Judá. Manases tuvo el más largo reinado de todos los reyes, reinando durante cincuenta y cinco años dedicados a la impiedad. Por lo que algunos han dicho que Ezequías es el hombre que vivió demasiado. Si hubiese aceptado la palabra de Yahweh acerca de su muerte, Israel se hubiese librado de las terribles cosas que sucedieron bajo el reinado de Manases.
De modo que el reino se volvió decadente y al final Judá fue llevada por Nabucodonosor a Babilonia, símbolo de corrupción y de profanación. Durante unos cuantos años el templo permaneció en Jerusalén, pero al final también fue desmantelado y quemado. Se derrumbaron las murallas de la ciudad y todo el pueblo fue llevado en cautividad. Marquemos la diferencia como pueblo de Elohim.
Todo lo que se escribió, fué para nuestra enseñanza.
Shalom!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...